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Post NaNoWriMo

Hoy vengo a explicaros de forma breve y concisa mi resumen post NaNoWriMo. Sí señoras y señores, no pensarían que iba a dejar pasar el mes de tecleo on fire, sin explicarles qué, cómo, cuánto y cuándo.

Veamos, como ya expliqué en su día, todo surgió como suele ocurrir con estas cosas… de repente, sin tiempo a meditarlo y lanzándote de cabeza a la piscina sin preguntarte si sabes o no sabes nadar (ya me entienden). «¡Venga que tú puedes!», «¡Ahora no puedes abandonar!», «¡Quién me mandaría a mí…!» y un largo etcétera…

Pues he de decir que lo he sobrellevado bastante bien, me he sorprendido de mi capacidad y he conocido una faceta de mí que no me había parado a observar antes: Trabajo mejor bajo presión.

Vale, no he descubierto nada nuevo, lo sé. Pero es revelador darse cuenta, casi a mis cuarenta años, que funciono con todas mis capacidades alerta cuando notas el megáfono detrás de ti, animándote o forzándote (esto todavía lo tengo que meditar), a continuar.

Compartir anécdota ha sido gratificante y leer a otros nanowriters con sus bajones, ilusiones, historias y mil dudas, me hacían sentir un pez más en este inmenso mar.

Pero… (Sí, siempre hay un pero en todo cuento), llega el día en el que vuelves a la página uno, porque te relajas y piensas: «ahora no tengo que anotar contador, puedo releer cómo va la historia y centrarme». Error, uno inmenso y en luces de neón.

Madre-del-amor-hermoso, lo que tiene escribir a toda mecha, sin releer y corregir, algo que me paraliza siempre y ralentiza el trabajo.

Pues en ello estamos, pensando que la técnica ha sido buena para sacar partido a unas habilidades dormidas y volver a establecer un ritmo en mi vida escrituril, pero, cuando sale el editor que hay en ti y te vuelves loco, es cuando piensas si ha merecido la pena o volver a tu método de antes no sería mejor.

Obtener la medalla de Winner es un logro y haber participado en el NaNoWriMo una grata experiencia. No sé si volveré a repetir. Todavía con la resaca de los días intensos y dándole vueltas a SVANT (siglas del título de mi proyecto NaNo), me recreo en el inicio y el vértigo ante la idea de no poder conseguirlo.

Ahora más tranquila y con cierta perspectiva, intento valorar los pros y contras y al final me quedo con el resumen; ha merecido la pena.

Los puntos negativos, los estoy puliendo, redirigiendo la historia y como me temía relajándome; espero volver al ritmo deseado y dedicar tiempo suficiente para finalizar la novela que tiene que crecer unas tres veces más de lo que llevo.

Las dudas siempre asaltan y si eres perfeccionista, no te van a abandonar nunca, aunque como bien aconseja Gabriella Cambell (si no la conocéis estáis tardando), hay que trabajar, trabajar y trabajar. Insistir, volver a ello y repetir hasta la saciedad para sacar la mejor foto.

Con 50.723 palabras cerré mi contador NaNoWriMo, ya he escrito muchas más e incrementado las hojas de mi historia. Ando peleándome con mis personajes, sobre todo con el protagonista masculino, que se me ha vuelto un blando y no era lo que teníamos hablado.

Me han fallado cosas que he intentado salvar en el camino. He pensado que la historia no valía un pimiento unas mil quinientas veces. Después de recibir la correspondiente bronca de mi señor esposo al leerla y decirme que le gustaba, he continuado con ello.

Sé de memoria la playlist de la novela y, cuando suena alguna canción en la radio, rememoro con una sonrisa alguna de las escenas.

¿Dudas? Infinitas, que me continuarán asaltando a cada instante.

¿Logros? Tener una tercera parte de la novela escrita a un ritmo de vértigo y un resumen/borrador a mano finalizado.

¿Anécdotas? Visitar los perfiles de Instagram, de las personas/modelos/actores en las que he inspirado a mis personajes y sonreír ante la idea de saber qué pensarían si lo supieran.

¿Resumen? Ya lo has leído.

Este ha sido mi paso por el NaNoWriMo 2015. Felicitaciones a todos los participantes, a los que lo lograron y a los que lo intentaron.

Hasta mi próxima entrada y no olvides si te gustó comparte, así nos hacéis muy felices a los que escribimos, en serio 😉

¿Y tú, me cuentas tu experiencia?

Inma.

 

 

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Inma Cerezo es una barcelonesa lectora acérrima que siempre quiso contar sus propias historias. Tras divagar largo y tendido, escribe su primera novela Goleters Luna de Lenten. Actualmente trabaja en varios proyectos, con la ilusión de que pronto vean la luz.

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