Viajes románticos
7 comentarios

Un viaje diferente


Hoy os voy a explicar cómo conseguir un viaje diferente. Para este tipo de aventura no necesitas maleta, ni reservas con meses de antelación. Mucho menos buscar alojamiento, y por supuesto nada de información del lugar de destino.

Los requisitos mínimos son: No tener miedo a volar, ni a dejarse llevar, incluso a cerrar los ojos y sonreír de lo lindo.

También debemos tener en cuenta algunos ingredientes básicos como ponerse cómodo, estar dispuesto a disfrutar y ¡qué suene la música!

La mejor forma para comenzar es escoger el destino, solo basta con sacudir un poco las telarañas de la imaginación y recordar aquellas tardes de la infancia, cuando creabas un barco de piratas con la litera de tus primos y las enormes velas hechas con viejas sábanas eran las que te transportaban lejos.

Y os preguntaréis ¿a qué viene todo esto?, pues ya os lo he comentado al inicio, a conseguir un viaje diferente. Cuánto más mayores nos hacemos olvidamos lo básico y primordial, soñar despiertos. Con las prisas y los ritmos acelerados, posponemos el viajar a los quince días de vacaciones, entre aglomeraciones y calor, haciendo colas para visitar monumentos y pedir mesa en el restaurante de moda tres meses antes.

Y aún nos falta mucho por crecer, mucho por visitar, y qué será de nosotros el día que dejemos de soñar, el día que dejemos de viajar lejos sin movernos del sofá de casa, o del jardín mientras atardece.

Yo comencé a viajar desde muy pequeña, pasaba largas estancias de veranos en lugares donde no habían muchas opciones para jugar y así fue como descubrí mi primer amor, los libros. Ese fue el inicio de un romance perfecto que me llevó a viajar a lugares recónditos que cada día coloreaba de forma diferente, según mi estado de ánimo y según le pareciera a mi imaginación.

Vaya, parece que no os he ofrecido una gran y original idea, pero un momento, no os marchéis todavía, hay más formas de viajar aparte de escoger un buen libro y dejarse llevar. Yo encontré otra que me cautivó desde el primer momento, y creo, que si todo funciona como debe y cuido todo el cariño que me ha dado desde que la encontré, no la voy a abandonar mientras mis manos quieran y mi corazón lata, escribir.

Poco, intenso, triste, agotado, largo, difícil, colorido, angosto, en un impulso, certero, casual, sexo, amor, casualidades, música, en el cielo, en papel arrugado, o en notas de móvil, memorizando una frase, o el calor de una canción, dejándote llevar, acariciando un dibujo, después de una gran charla, observando, porque quieres, porque puedes, porque debes, porque lo amas y así lo sientes.

Escribes y viajas. Sin querer dejas fluir las palabras y te llevan lejos, a su rincón favorito, al lugar del que hablaban aquellas chicas del autobús, al último confín del espacio, en canoa, con pijama y babuchas al Río Amazonas a observar el canto de un ave extraña, en tu bar de cada mañana acompañado de Indiana Jones, con tu cantante favorito de tapas en el Polo Norte y porqué no en mi salón bailando con Tina Turner.

Personajes reales o ficticios, mezclados con música y comida exótica, unir clásicos con ciencia ficción, crear mundos paralelos en siglos pasados.

Documentarse también es volver a viajar, coger un tren hacia el destino seleccionado y buscar los mejores rincones donde tu personaje se tomará un café mientras estudia o averiguar las costumbres de un lugar para conocer mejor a esa niña que de pronto apareció en tu mente y te pide que le dibujes una historia bonita a todo color, en la que ella es la protagonista.

Y viajas constantemente, todos los días en varias ocasiones, porque no es necesario demasiado, porque sin querer evitarlo te transportas cada vez que algo te recuerda el argumento de esa escena a medio terminar; las voces en off de tus personajes que discuten la mejor forma de acabar un capítulo y sonríes pensando que tú ya lo sabes desde hace mucho tiempo pero los dejas hablar porque te gusta viajar.

No es que mi mente no funcione de forma correcta, ni escuche voces a todas horas.No me justifico por el qué dirán, ni me preocupa en exceso que piensen que esto es una calentura de temporada, no.

Ya os dije que os mostraría cómo viajar de forma diferente, algo que no he descubierto yo, y que por supuesto no tengo la primicia. Es mi forma de compartir, de deciros que no dejéis de viajar nunca, no dejéis de soñar, de leer y escribir, de llegar lejos si os lo proponéis y de sonreír.

Cualquier tarde mientras paseas observando el paisaje con la música de fondo en tus auriculares, sonreirás y entenderás de lo que hablo, si te lo propones estarás lejos, muy lejos sin apenas haber recorrido metros…

 

©Inma Cerezo.

Imagen de Unsplash.com (Morgan Sessions)

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Inma Cerezo es una barcelonesa lectora acérrima que siempre quiso contar sus propias historias. Tras divagar largo y tendido, escribe su primera novela Goleters Luna de Lenten. Actualmente trabaja en varios proyectos, con la ilusión de que pronto vean la luz.

1 Comentario

  1. Que cosas mas bonitas dices! 🙂 nunca deberiamos dejar d soñar.. ni leer ni escribir!!
    Petonets bonica

    • ¡Ay! Tú si que eres bonica.
      Es, cierto nunca deberíamos dejar de soñar.
      Gracias por compartir viaje.
      Petonets.

  2. Qué esenciales estas premisas para entender el concepto de viaje, de esos que llenan el alma y la nutren de enriquecedores conocimientos. ¡Viva la creatividad que nos transporta a lugares únicos y recónditos! 🙂

  3. Hola, encantada de seguir tu viaje y ser partícipe en él. No hay nada mejor para mí que escribir y leer porque se viven sueños y aventuras paralelas.
    Preciosa entrada.
    Me alegra leerte.
    Saludos

    • Inma dice

      Muchas gracias Rosa,
      Encantada yo por tu visita y por tus palabras. Compartimos viajes y afición por este bello mundo de las letras.
      Un abrazo enorme.

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